
Investigación educativa
Revista correo de la UNESCO
En pocos años, la inteligencia artificial (IA) generativa ha quebrantado las certezas sobre el aprendizaje, la transmisión de conocimientos y la singularidad del espíritu humano. La IA ha entrado en las aulas casi a la fuerza, imponiéndose como un fraude disfrazado de alta tecnología, con los deberes perfectamente realizados, repleto de referencias eruditas que no guardan relación con el nivel real de los alumnos.
Poco a poco, los docentes han comprendido la potencia de esta nueva herramienta, que permite acceder a múltiples contenidos y también producirlos. Hoy en día, la cuestión consiste no tanto en desenmascarar a los que hacen trampa como en saber qué lugar debe reservarse a esta tecnología, cada vez más eficiente en unas sociedades supuestamente basadas en el conocimiento. La IA generativa ya ha transformado de manera significativa la práctica de los profesores y, en consecuencia, muchos de ellos prefieren utilizar la comunicación oral y el trabajo en clase, y confían menos en los deberes realizados en casa.
Pero aunque es cierto que la IA abre nuevas perspectivas,
a muchos educadores les preocupa su repercusión sobre el desarrollo cognitivo de los usuarios.
